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?Casi toda mi adolescencia creí que era muy debil porque me cansaba fácilmetne. Había días en que no hacía ningún esfuerzo físico, ni siquiera salía de casa, y en la noche me sentía como si hubiera cargado cajas toda la tarde. Me acostaba con el cuerpo pesado y la cabeza llena de cosas que no eran mías. Si eres una persona altamente sensible, quizá sepas de qué hablo.


La jarra sin vaso

La imagen que mejor me lo explicó fue una jarra de agua. Imagina que alguien la inclina y empieza a servir, pero debajo no hay vaso. El agua sigue saliendo de todas formas y cae sobre la mesa, sobre el mantel, sobre quien esté sentado cerca.


Así funcionaba mi sensibilidad. Tengo mucha energía para percibir, para sentir, para darme cuenta de lo que pasa en una habitación antes de que nadie lo diga. Esa energía tiene que ir a algún lado. Como yo no le daba ningún lugar, caía sobre las personas que tenía más cerca.


Me preocupaba por cómo estaba mi esposo después del trabajo. Repasaba en mi cabeza lo que le había dicho mi hija en la mañana, buscando señales. Pensaba en el mensaje de una amiga y en cómo responderle para que se sintiera mejor o lo que me dijo mi jefe esta mañana y buscaba obsersivamente interpretaciones y que hacer el día siguiente. Todo eso lo hacía con cariño, y también sin parar.


Cuando el recipiente son los demás

Lo difícil es que desde fuera eso parece algo bueno. Se ve como empatía, como ser buena amiga, buena madre, buena pareja, buena trabajadora. Y en parte lo es.


Pero cuando los demás son el único lugar donde pones tu energía, pasan dos cosas. La primera: nunca vuelve a ti. Las personas no son recipientes, se mueven, cambian y tienen su propio proceso. Puedes darles horas de atención y a veces no cambia nada, porque ese cambio no dependía de ti

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La segunda es más silenciosa: te vas quedando sin espacio propio. Llega un momento en que sabes qué necesita cada persona de tu casa y no sabes qué necesitas tú.


Cuando llegamos a vivir a otro país y empezamos de cero, esto se me volvió muy evidente. Había tanto que sostener alrededor que yo quedaba al final de la lista, casi sin darme cuenta.


El día que empecé a escribir

No lo planeé. Una noche en que tenía la cabeza llena, abrí una libreta y escribí sin pensar adónde iba.


No era un diario bonito ni tenía estructura. Era sacar.


Al terminar noté algo raro. Estaba cansada, pero era otro cansancio. Me sentía más ligera, como si por fin una parte de mi energía se hubiera quedado conmigo en lugar de irse hacia fuera.

Volví a escribir al día siguiente, y al otro. Con el tiempo esa libreta se convirtió en lo que hoy es este blog. Pero al principio era solo eso: un lugar donde mi sensibilidad podía caer sin tener que salvar a nadie.


Cómo saber si te falta un recipiente

Tres preguntas que me hubiera gustado hacerme antes:

Si respondiste que sí a dos o más, es probable que tu energía no tenga dónde caer.


Encontrar el tuyo

Tu recipiente puede ser cualquier cosa: escribir, pintar, cocinar sin receta, tejer, hacer música, bailar sola en la cocina con los audífonos puestos. No tiene que ser productivo ni compartirse con nadie, y tampoco tienes que hacerlo bien.


Solo tiene una condición: que no necesite que lo arregles. Un recipiente recibe lo que le das y no te pide nada a cambio.


Si quieres empezar, te propongo algo pequeño (de hecho a las personas altamente sensibles nos encanta los pequeños detalles). Elige una sola actividad esta semana y dale 15 minutos al día. Y cuando sientas el impulso de resolverle la vida a alguien, de pensar por esa persona, de cargar con lo que no te toca, prueba a llevar esa energía primero a tu recipiente. A veces, después de eso, sigues queriendo ayudar. Y otras veces descubres que nadie te lo había pedido.


Darte a ti también cuenta

Me costó aceptar que guardarme algo de energía no me hacía egoísta. Durante años sentí que tomarme ese tiempo era quitárselo a alguien.


Hoy lo veo distinto. Cuando me lleno un poco, me relaciono mejor con mi gente: desde la calma, no desde el agotamiento. Y aunque no fuera así, aunque nadie más lo notara, esos 15 minutos seguirían valiendo la pena, porque yo también estoy en esta casa y también merezco recibir algo de lo que doy.

Si eres sensible, tu energía no es el problema. Solo necesita un lugar donde caer. Ojalá esta semana le des uno.


Preguntas frecuentes:


¿Por qué las personas altamente sensibles se cansan tanto?

Porque procesan con más profundidad todo lo que perciben, incluidas las emociones de otros. Si esa energía no tiene un lugar propio donde ir, se gasta en preocuparse y cargar con lo ajeno.

¿Cómo recupera energía una persona altamente sensible?

Con tiempo a solas y una actividad que funcione como recipiente: escribir, pintar, cocinar, hacer música. Basta con 15 minutos diarios para notar la diferencia