Hace unos días me encontré con una compañera de mi trabajo. Las dos llegamos a este país más o menos por la misma época. Ella quizá lleva un poquito más de tiempo que yo, pero tampoco estamos hablando de años de diferencia.
Estábamos conversando tranquilamente cuando, en algún momento, me preguntó:
?¿Y ustedes ya compraron casa?
Yo le conté que todavía no.
Y entonces me dijo que ellos acababan de comprar.
Y ahí pasó algo que probablemente a muchas nos ha pasado, aunque no siempre lo contamos.
Ella no me dijo nada malo.
No me estaba comparando.
No estaba intentando presumir.
Simplemente me contó algo de su vida.
Pero mi cabeza?
Mi cabeza hizo lo que sabe hacer muy bien.
Empezó a comparar.
?¿Será que estamos atrasados??
?¿Deberíamos haber logrado eso ya??
?Llevamos prácticamente el mismo tiempo aquí??
?¿Qué estamos haciendo diferente??
Y sin darme cuenta, una conversación de cinco minutos había conseguido llevarme a un lugar completamente distinto.
Empecé a sentirme frustrada.
Un poquito preocupada.
Y, sobre todo, esa sensación incómoda de que quizá debería estar más adelante de donde estoy.
Lo curioso es que, objetivamente, mi vida no había cambiado en esos cinco minutos.
Seguía teniendo la misma familia.
Los mismos hijos.
El mismo trabajo.
Los mismos proyectos.
La misma casa.
La misma historia.
Nada había empeorado.
Pero mi percepción de mi propia vida sí había cambiado.
Y ahí recordé algo que aprendí hace años en Terapia Cognitivo-Conductual.
No siempre podemos controlar el pensamiento que aparece.
Pero podemos aprender a cuestionarlo antes de convertirlo en una verdad.
Así que respiré.
Y me hice una pregunta:
¿Estoy realmente atrasada? o simplemente estoy comparando mi proceso con el de otra persona?
Y esa pregunta cambió completamente la conversación que estaba teniendo conmigo misma.
Porque hay algo que todavía estoy aprendiendo:
no todo lo que pensamos merece convertirse en una conclusión.
A veces un pensamiento es simplemente eso.
Un pensamiento. Hay que tener en cuenta, si eres una persona que procesa mas profundamnete las cosas, bueno ya me entenderás, lo dificil que puede percibirse.
Sí.
Todavía me pasa.
No porque quiera volver.
Sino porque soy humana.
Hay días en los que miro mi vida y pienso en todo lo que dejé atrás.
Una carrera.
Una forma de vivir.
Un país conocido.
Una estructura.
Una versión de mí que sabía perfectamente cómo funcionaban las cosas.
Y ahora estoy aquí.
En otro país.
Reconstruyendo.
Aprendiendo.
Empezando cosas nuevas.
Y claro que a veces me pregunto si hice lo correcto.
Después respiro.
Miro a mi alrededor.
Y recuerdo todo lo que hemos construido.
Entonces pienso:
?Sí? volvería a elegir este camino.?
Aunque no haya sido el camino más rápido.
Aunque no haya sido el más fácil.
Aunque otras personas que empezaron al mismo tiempo parezcan estar mucho más adelante.
Porque sus vidas no son mi medida.
Y aquí es donde quiero dejarte una herramienta que a mí me ayuda muchísimo cuando entro en ese bucle mental.
La llamo:
La idea es sencilla:
deja de correr la carrera de otra persona.
Si estás reconstruyendo tu vida, es muy fácil mirar alrededor y sentir que todos avanzan más rápido.
Una amiga compró casa.
Alguien consiguió el trabajo que quería.
Otra persona empezó un negocio.
Alguien más ya habla perfectamente el idioma.
Otra persona parece tener sus finanzas resueltas.
Y tú empiezas a pensar:
?¿Qué estoy haciendo mal??
Antes de creerte esa historia, prueba esto.
Después responde con honestidad:
¿Qué cosas admiro o envidio de esa persona?
No necesitas sentirte orgullosa de la respuesta.
No tienes que escribir lo que ?deberías? sentir.
Escríbelo tal como es.
Quizá admiras su estabilidad.
Su casa.
Su carrera.
Su seguridad.
Su manera de desenvolverse.
Su círculo social.
Su capacidad económica.
Lo que sea.
Nombrarlo te permite empezar a entender qué es exactamente lo que estás deseando para ti.
Haz dos columnas.
Lo que sé:
¿Qué cosas conozco realmente de su situación?
Lo que estoy suponiendo:
¿Qué cosas estoy imaginando sobre su vida?
Porque aquí suele aparecer algo interesante.
Nos comparamos con una versión incompleta de la vida de otra persona.
Vemos la casa.
Pero no sabemos cuánto paga.
Vemos el trabajo.
Pero no sabemos cómo se siente al llegar a casa.
Vemos el viaje.
Pero no conocemos sus preocupaciones.
Vemos el resultado.
Pero no conocemos el proceso.
Pregúntate:
¿Cuánto de la vida de esa persona conozco realmente?
Probablemente mucho menos de lo que tu cabeza está utilizando para compararte.
Ahora deja a esa persona fuera de la ecuación.
Mira tu propia historia.
Haz una lista de todos los reinicios que has vivido.
Cambiaste de ciudad.
Cambiaste de país.
Aprendiste otro idioma.
Perdiste un trabajo.
Empezaste una nueva carrera.
Terminaste una relación.
Te convertiste en mamá o papá.
Empezaste un negocio.
Cerraste un negocio.
Volviste a empezar.
Tuviste que reconstruirte.
Y ahora pregúntate:
¿Cuántas veces he tenido que reconstruirme para llegar hasta aquí?
A veces necesitamos recordar todo lo que hemos atravesado antes de juzgar la velocidad con la que estamos avanzando ahora.
Escribe cinco cosas que hace algunos años parecían imposibles para ti.
No tienen que ser grandes logros.
Pueden ser cosas que hoy das por sentadas.
Algo que aprendiste.
Una decisión que te costó muchísimo tomar.
Una etapa que lograste atravesar.
Una conversación que antes no podías tener.
Un lugar al que te atreviste a llegar.
Una versión de ti que construiste.
Porque cuando estamos obsesionados con lo que todavía nos falta, podemos volvernos completamente ciegos ante todo lo que ya hemos conseguido.
Y este es el paso que más me gusta.
En lugar de preguntarte:
?¿Por qué esa persona va más rápido que yo??
pregúntate:
?¿Cuál es el siguiente paso lógico para alguien que está exactamente donde yo estoy hoy??
No el siguiente paso de ella.
No el siguiente paso de tu amiga.
No el siguiente paso de alguien que lleva diez años haciendo lo que tú acabas de empezar.
El tuyo.
Quizá hoy tu siguiente paso sea ahorrar.
O aprender.
O descansar.
O buscar trabajo.
O terminar un proyecto.
O simplemente dejar de exigirte que tengas resuelta una vida que todavía estás construyendo.
Y eso también cuenta como avanzar.
Porque cada persona está viviendo una historia diferente.
Comparar tu capítulo cinco con el capítulo veinte de alguien más solo puede hacerte sentir que estás perdiendo una carrera en la que nunca decidiste participar.
Cuando estás empezando de nuevo, el éxito no siempre consiste en avanzar más rápido.
A veces consiste en no abandonarte mientras avanzas.
Así que la próxima vez que alguien te cuente que compró una casa, consiguió un ascenso, abrió un negocio, tuvo un bebé, se mudó, viajó o alcanzó algo que tú todavía estás esperando?
No tienes que convertir su logro en una evaluación de tu vida.
Puedes alegrarte por ella.
Y después volver a la tuya.
Respirar.
Mirar todo lo que ya has recorrido.
Y preguntarte:
?¿Cuál es mi siguiente paso??
Porque quizá no estás atrasada.
Quizá simplemente estás construyendo una vida que necesita su propio ritmo.
Y ese ritmo también merece respeto.
Andrea Hoyos