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Hay una frase que digo en automático: "no pasa nada, todo bien" La digo siempre como respuesta al como estás? y bueno aquí es usual y normal en todo el mundo, pero también la digo cuando alguien me pregunta por que ve que no estoy bien, que algo me pasa, que estoy triste o preocupada o asustada, etc.


Durante mucho tiempo pensé que esto era simplemente mi personalidad. No soy de las que llaman a alguien para contarle el drama del día ? nunca me ha gustado eso. La verdad me da pena contar mis problemas, es una de las razones por las cuales empezó éste blog, para descargar mis pensamientos sin sentirme culpable por cargar a otra persona con mis cosas. También nace de no querer sentirme intensa porque sé la cantidad de cosas que siento a diario y sé que muchas personas no lo vive igual. Así que aprendí a resolver sola, a filtrar, a decir "bien" y seguir. Y durante mucho tiempo funcionó. Me sentía autosuficiente, ordenada, la que no necesita que le pregunten dos veces.


El problema nunca fue el hábito en sí. El problema fue el tiempo que llevaba repitiéndolo.

Recuerdo una tarde en el carro, recién había dejado a mi hija en una actividad, cuando me llamó una amiga. No pude disimular, mi ánimo estaba muy bajito, contestaba de una forma muy neutra, no queria hablar pero me obligué porque ya llevaba dos veces sin contestar su llamada. Le dije "todo bien" antes de que terminara la pregunta, y le dije que estaba un poco cansada, con bostezo y todo.


Colgué y me quedé ahí, con las manos en el volante, dándome cuenta de que el cansancio era una excusa para contestar "no pasa nada". No estaba fingiendo, en realidad me creía la historia de que era el cansancio ? genuinamente no sabía la respuesta. La había dado tan rápido, tantas veces, que la pregunta ya ni siquiera llegaba a un lugar real dentro de mí antes de salir la respuesta automática.


Ahí entendí algo que sí habia leído pero que lo vivía en carne propia: un hábito que repites lo suficiente deja de ser una decisión. Se vuelve el camino que tu cerebro toma sin pedirte permiso. Y en mi caso, ese camino automático no solo evitaba preocupar a los demás ? evitaba que yo misma me detuviera a revisar qué estaba sintiendo.


No escribo esto para decir que hay que contarle todo a todo el mundo. Sigo siendo reservada. Sigo sin querer convertir cada conversación en terapia improvisada para quien pregunta cómo estoy, y esa parte de mí no la cambié ni la quiero cambiar. Lo que sí cambié fue saltarme el paso de adentro: antes de decidir qué le cuento a otra persona, ahora me detengo a contestarme a mí misma primero, en silencio, sin audiencia. A veces la respuesta real sigue siendo "estoy bien, de verdad." Otras veces no ? y ahí es donde antes me perdía, porque nunca llegaba a formularla.


Si te reconoces en esto, no te estoy pidiendo que compartas más. Te pido algo más pequeño, y creo que más importante: la próxima vez que la respuesta salga sola, antes de decirla en voz alta, dátela a ti misma primero. Aunque sea solo para saber si es cierta.